dijous, 5 de setembre de 2013

¿Mi droga favorita?
 La música sin duda. Llegar a casa después de un largo día, tumbarme en  la cama, coger mi iPod, ponerme mis cascos y cerrar los ojos. Este momento solo dura cuatro minutos. En ellos logro evadirme del mundo.
 Puede que estés pensando que hay canciones que no te permiten hacer esto, que te hacen pasar y que pueden llegar a hundirme (recordar errores, males decisiones…) y que no me dejarían evadirme. Pero a mí esto no me suele pasar. Tengo una canción para cada momento y sensación que sacan una sonrisa de mis labios. La música expresa como  me siento y saca lo mejor de mí.  Me hace levantarme del suelo, salir ahí afuera y gritar como si no existiera el mañana. En ese instante cuando suenan las primeras notas de la canción mi cuerpo se queda atrapado entre las cuatro paredes que me rodean, pero mi mente ya ha empezado a despegar a lo que llama el país de la LIBERTAD. Son tan solo cuatro minutos allí pero para mí es mucho más que eso. Allí estoy yo, mi música y mi libertad.  Sí, mi libertad en ese momento soy libre. Me siento yo misma. Nada me preocupa, no tengo ninguna responsabilidad. Estoy en mi mundo no tengo que ser responsable de mis actos allí no afectan a nadie.
Porque piensa, ¿cuándo somos realmente libres? Cierra los ojos un instante, deja a un lado esto que estás leyendo y solo hazte la pregunta y contéstala. Desde mi punto de vista de la vida el ser humano solo saborea un pequeño trozo de lo grande que puede llegar a ser la libertad. Cuando intentas ir en busca de la libertad te das cuenta q no la puedes alcanzar. En el mundo en que vivimos para ser libres hay que tener en cuento como va a repercutir a nuestro alrededor y ser responsable de cada paso que vamos a dar. A veces, nos damos cuenta que hay cosas que nos gustaría hacer y que no hacemos, decisiones que no tomamos por miedo a equivocarnos. Y es que la mayor parte del mundo vivimos con el miedo al qué dirán, a meter el pie en el agujero equivocado y no saber sacarlo, a romper un jarrón y no saber arreglarlo…  es decir a no saber cómo dar la cara por aquello donde nos hemos evocado y no saber responsabilizarnos de ello. Es fácil decir "Caer está permitido.¡Levantarse es obligatorio!" (Proverbio Ruso) pero qué difícil es aplicarlo a la realidad.
Así que si puedo utilizar eso minutos para ser un espíritu libre, un pájaro fura de una jaula, un perro sin correa, un pez en el mar… lo hago. En ese momento no soy lo que el mundo espera de mi, simplemente soy yo. Solo durante ese instante minutos soy quien quiero ser. Yo contra mí misma, nadie más. Y en ese momento si me puedo preguntar ¿Quién soy yo?

No sé si llegas a entenderme, pero imagínatelo tú, tus sentimientos, tu música, tu imaginación creando un mundo donde realmente eres tú misma y tu sentimiento de libertad. La piel de gallina, los pelos de punta (a veces incluso una lágrima de felicidad) y una sonrisa de oreja a oreja. Así me siento yo todos los días y te aseguro que no hay mejor placer que ese, solo son cuatro minutos.